Una premisa loca con potencial desperdiciado
Desde el primer momento en que se establece la extravagante premisa de Una noche al año, queda claro que esta comedia romántica no se tomará en serio. En un mundo donde los solteros tienen una noche al año para entregarse a sus instintos más primitivos, la película de Will Gluck parece prometer una sátira mordaz sobre el deseo y la desesperación. Sin embargo, lo que encontramos es un popurrí de situaciones predecibles y humor que, en muchas ocasiones, roza lo burdo.
Ritmo entre risas y tropiezos
Monica Barbaro y Callum Turner son la pareja protagonista que, a pesar del material a su disposición, logran dar vida a sus personajes de una manera que invita a la empatía, aunque a menudo se vean atrapados en un guion que no les favorece. Las interacciones entre Allie y Owen son entrañables, pero la película se detiene en clichés que aún así logran arrancar alguna que otra risa. Hay momentos visuales que sobresalen, como la escena en la que Allie se ve atrapada en una alcantarilla, que recuerdan que el humor físico puede ser efectivo y divertido.
El humor como arma de doble filo
El film intenta equilibrar su tono entre la comedia ligera y un comentario social sobre el control de la sexualidad, pero a menudo se pierde en el camino. La idea de un “carnaval sexual” donde todos los solteros se lanzan a la búsqueda de placer inmediato es interesante, pero se transforma rápidamente en una serie de escenas repetitivas que pierden su chispa. La inclusión de personajes secundarios que no aportan más que situaciones ridículas también añade a la sensación de que la película no sabe bien hacia dónde quiere ir.
Una experiencia que se siente vacía
La banda sonora, con la sorprendente vuelta de los New Radicals, añade un matiz nostálgico que en algunos momentos consigue elevar la experiencia, pero no es suficiente para hacer olvidar los tropiezos narrativos. La música es un punto fuerte, pero la película se aferra más a la comedia chabacana que a la profundidad emocional que podría haber explorado. Al final, Una noche al año es un entretenimiento ligero que, aunque a veces logra arrancar una sonrisa, se siente más como un ejercicio de estilo que como una historia con sustancia.
