Una historia de soledad y miedo
Mala bestia, el debut de Bàrbara Farré, nos sumerge en la vida de Atenea, una joven atrapada en un internado para huérfanas, donde el temor a crecer se convierte en su mayor carga. La premisa es intrigante: una niña que, tras ser adoptada, teme perder su recién descubierta familia. Sin embargo, esta historia, con un enfoque que mezcla la realidad y lo fantástico, deja al espectador con una sensación confusa y, en ocasiones, insatisfactoria.
Un enfoque visual y atmosférico
La dirección de Farré destaca por su estética cuidada y envolvente. Desde la fotografía sobria que juega con tonos apagados hasta una iluminación que acentúa el aislamiento de Atenea, cada plano evoca una atmósfera inquietante. La ambientación en el bosque, con su aire de cuento de hadas oscuro, es casi un personaje más en la narración, reflejando la complejidad emocional de la protagonista. Sin embargo, este enfoque visual puede resultar un arma de doble filo. Mientras algunos espectadores apreciarán la belleza de la propuesta, otros podrían sentirse perdidos en una narrativa que a menudo evita los caminos más directos.
Actuaciones que sostienen la trama
María Schwinning, en el papel de Atenea, ofrece una actuación que captura tanto la fragilidad como la inquietud de su personaje. Su interpretación es uno de los puntos altos de la película, logrando transmitir la tensión interna de una niña que lucha con sus miedos. A su alrededor, el resto del reparto aporta solidez, aunque sus personajes secundarios no siempre están tan bien desarrollados. La relación entre Atenea y su madre adoptiva, Lali, es un eje central, pero a veces se siente algo superficial, lo que impide una conexión emocional más profunda.
Ambigüedad narrativa y simbolismo
El guion de Mala bestia parece tener una intención clara: explorar el miedo al abandono y la complejidad de las relaciones afectivas. Sin embargo, la ejecución deja algunos cabos sueltos. Hay momentos en los que el uso de elementos fantásticos se siente más como un recurso para evadir la resolución de conflictos que como una herramienta para profundizar en la psicología de Atenea. Esta ambigüedad puede frustrar a quienes busquen una narrativa más lineal, pero también aporta un aire de misterio que podría atraer a otros.
En resumen, Mala bestia es un filme que, a pesar de sus debilidades narrativas, brilla en su atmósfera y en la interpretación de su protagonista. Bàrbara Farré ha demostrado que tiene una voz única en el cine, aunque su primer largo se sienta más como un ejercicio estilístico que como una historia completamente realizada. Sin duda, hay potencial en su visión, y será interesante ver cómo evoluciona en futuros proyectos.
