Una premisa con potencial desperdiciado
Desde el principio, «El último mono» se presenta como una comedia que promete explorar el choque entre un gurú de la seducción y una comediante feminista. Sin embargo, este enfrentamiento, que podría haber dado lugar a un debate interesante sobre las polarizaciones de nuestra era digital, se convierte rápidamente en una sucesión de clichés y estereotipos que desdibuja cualquier posible crítica social. La dirección de Joaquín Mazón no logra elevar el material, optando por un enfoque plano que acompaña un guion perezoso.
Actuaciones que no salvan la situación
Juan Dávila y Susana Abaitua, en teoría, deberían ser el corazón de la película, pero sus actuaciones se ven atrapadas en un texto que no les da espacio para brillar. Dávila, que intenta dar vida a un personaje histriónico, se queda en la superficie, mientras que Abaitua, aunque intenta aportar carisma, se ve limitada por un guion que reduce su personaje a un mero trofeo narrativo. La dinámica entre ambos carece de la chispa necesaria para que el público se sienta conectado con su historia.
Un guion que no se atreve a arriesgar
El guion, escrito por Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano, parece rehuir cualquier tipo de crítica incisiva. En lugar de aprovechar la premisa para ofrecer una sátira mordaz, se conforma con chistes evidentes y situaciones forzadas que no logran provocar ni una risa genuina. La falta de desarrollo de los personajes y la previsibilidad de la trama hacen que, a medida que avanzan los minutos, la atención del espectador se disipe. Es una pena, ya que el material de partida tenía un potencial enorme para explorar temas actuales de forma inteligente.
Un producto que no convence
Si bien hay quien podría encontrar algunos momentos de entretenimiento en «El último mono», la mayoría de los gags caen en la torpeza y en lo superficial. La dirección no ofrece nada que destaque; parece más un proyecto televisivo que una película con aspiraciones. La música, que busca subrayar los momentos cómicos, acaba resultando intrusiva, añadiendo una capa de incomodidad a una experiencia ya de por sí fallida. En definitiva, este filme es un claro ejemplo de cómo una idea prometedora puede hundirse en un mar de clichés y decisiones cuestionables.
