El árbol muy muy lejano (2026)

Una aventura familiar que despierta la imaginación

Al adentrarse en El árbol muy muy lejano, lo primero que llama la atención es la explosión de color y creatividad que nos ofrece, un festín visual que recuerda a la magia de la infancia. La historia, basada en los clásicos de Enid Blyton, sigue a la familia Thompson, quienes se mudan a una zona rural, dejando atrás la tecnología y la vida urbana. Este trasfondo es el catalizador perfecto para que los niños descubran un árbol mágico que les transporta a mundos fantásticos.

Ben Gregor, al frente de la dirección, logra construir una atmósfera envolvente, especialmente en las primeras escenas donde los niños se ven obligados a adaptarse a su nuevo hogar. Un momento destacable es cuando la hija pequeña, con su curiosidad desbordante, encuentra la entrada a este mundo de ensueño. Aquí es donde la película brilla con luz propia, presentando personajes excéntricos y entrañables que aportan un toque de humor y ternura, como el encantador Cara de Luna y el hilarante Seditas.

Un guion que hace malabarismos con la actualidad

El guion de Simon Farnaby, conocido por su trabajo en franquicias como Paddington, incorpora elementos contemporáneos que hacen eco de la realidad actual. La adaptación refleja la lucha de los niños contra la adicción a la tecnología, un tema que resuena en muchos hogares. Aunque algunos críticos han señalado que esto puede resultar un tanto ingenuo, no se puede negar que el enfoque tiene un buen corazón y busca transmitir mensajes positivos sobre la familia y la importancia de reconectar con lo esencial.

Las actuaciones destacan, especialmente las de Andrew Garfield y Claire Foy, que aportan profundidad a sus personajes. Garfield, en el papel de Tim, es un padre cariñoso y cercano, mientras que Foy, como Polly, se presenta como una mujer decidida y emprendedora. Sin embargo, no se puede ignorar que, en algunos momentos, el guion se siente algo desigual, especialmente hacia el final, donde la energía parece decaer y algunas situaciones se vuelven previsibles.

Un viaje visual que invita a soñar

Visualmente, El árbol muy muy lejano es un deleite. La fotografía de Zac Nicholson capta la belleza del entorno rural y los mundos fantásticos con gran acierto. Los escenarios están repletos de imaginación, aunque no todos logran transmitir la misma magia. La banda sonora de Isabella Summers, por su parte, complementa perfectamente la narrativa, con melodías que evocan nostalgia y alegría.

A pesar de sus altibajos, esta película se erige como una opción encantadora para disfrutar en familia. Se siente como un recordatorio de que la magia se puede encontrar en los lugares más inesperados, y que, a veces, lo que necesitamos es desconectar para volver a conectar. Si buscas una aventura que haga sonreír a grandes y pequeños, este podría ser el viaje perfecto.

Scroll al inicio