La última ronda en Venecia (2025)

Un Viaje por Venecia con Corazón

Desde el primer encuentro entre los tres protagonistas de La última ronda en Venecia, uno siente que se adentra en el alma de una historia que, sin grandes pretensiones, invita a reflexionar sobre la amistad, la nostalgia y el paso del tiempo. Carlobianchi y Doriano, interpretados con gran calidez por Sergio Romano y Pierpaolo Capovilla, son dos amigos veteranos que, con sus ocurrencias y un toque de humor, desbaratan la vida de Giulio, un joven estudiante de arquitectura que busca su rumbo. Este trío, a priori dispar, se convierte en el núcleo emocional de una road movie que recorre las llanuras venecianas.

Un Retrato de Personajes Imperfectos

Lo que realmente brilla en la película de Francesco Sossai es su capacidad de retratar a personajes con los que resulta fácil identificarse. La dirección elude los juicios y se sumerge en las imperfecciones de cada uno, mostrando su humanidad sin adornos. La relación entre Carlobianchi y Doriano es entrañable, llena de bromas y reproches, mientras que Giulio aporta una mirada fresca y algo naíf, que contrasta con la melancolía de sus acompañantes. Este juego de dinámicas genera momentos de ternura y reflexión, aunque la falta de un conflicto más definido puede hacer que, en algunos tramos, la narración se sienta algo estática.

Una Comedia que Invita a la Reflexión

A medida que avanza la historia, La última ronda en Venecia logra encontrar un equilibrio entre el humor y la melancolía. Las conversaciones fluyen de manera natural, revelando las inquietudes de sus protagonistas y, a través de sus travesuras, se nos recuerda la importancia de seguir disfrutando de la vida a pesar de las adversidades. Sin embargo, hay instantes en los que la película se detiene demasiado en sus silencios y escenarios, lo que puede provocar que el ritmo se vuelva algo lento para algunos espectadores. La fotografía, que captura la belleza de los paisajes venecianos alejados del turismo masivo, sumerge al público en una atmósfera íntima y reflexiva.

Un Viaje que Puede Dejar Huella

Al final, La última ronda en Venecia es una película que, aunque no reinventa el género, logra conectar con el espectador a través de su sinceridad y su mirada compasiva hacia sus personajes. La ternura con la que trata el paso del tiempo y la búsqueda de la identidad puede resonar con muchos, incluso si el desarrollo de la trama no siempre es el más dinámico. Salí del cine sintiendo que había pasado un rato con amigos a quienes resulta fácil querer, y eso, en el fondo, es lo que hace que esta pequeña joya merezca ser vista.

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