Un viaje por el bosque de la infancia y la madurez
Desde la primera escena de Tanit, la película de Pep Garrido, se establece una atmósfera envolvente que transporta al espectador a los bosques de Montseny. La pequeña Tanit, interpretada con una sinceridad conmovedora por Dolça Salvans Portell, nos muestra su mundo lleno de curiosidad y libertad, mientras su madre, en un embarazo de riesgo, permanece recluida. Este contexto familiar tensa la trama, pues la niña se ve obligada a crecer antes de tiempo, una premisa que tiene mucho potencial dramático.
La relación entre generaciones
El encuentro con la abuela Perona, una anciana que vive al margen de la sociedad y a quien todos consideran una bruja, añade un matiz fascinante a la historia. La dinámica entre Tanit y Perona es el corazón del relato, y aunque su relación tiene momentos de chispa, la película a veces parece dudar a la hora de profundizar en sus interacciones. La figura de Perona se aleja del estereotipo de la anciana sabia, lo que aporta un aire de imprevisibilidad. Sin embargo, la conexión emocional entre ambas tarda en florecer, lo que puede dar la impresión de que la historia se estanca en algunos momentos.
Una fantasía en el bosque
Garrido opta por una fantasía sencilla, donde lo extraordinario se entrelaza con lo cotidiano. Aunque el bosque está lleno de misterio, parece que la película no siempre logra capitalizar esa atmósfera inquietante que, en teoría, debería ser omnipresente. Hay intentos de crear un cuento oscuro, pero en ocasiones la ejecución se siente irregular. La ambientación y la fotografía son elementos a destacar: el entorno natural se convierte en un personaje más, aportando un matiz melancólico y enigmático que refuerza el viaje interno de Tanit.
Un relato con potencial sin explotar
Si bien Tanit ofrece una premisa atractiva y momentos de auténtica belleza visual, la sensación de que podría haber sido más se hace palpable. La mezcla de realidad y fantasía que se presenta tiene elementos interesantes, pero la falta de desarrollo en ciertos aspectos deja un sabor agridulce. El filme invita a la reflexión sobre la niñez, la soledad y el paso a la madurez, pero tal vez no logra transmitir toda la profundidad que su historia sugiere. En definitiva, es una experiencia cinematográfica que, aunque tiene sus encantos, se siente como si no hubiera alcanzado su máximo potencial.
