Un duelo emocional en el cine
La nueva película de Rodrigo Sorogoyen, «El ser querido», se presenta como un intenso estudio sobre la relación entre un padre y su hija, en el que el cine se convierte en el escenario perfecto para explorar viejas heridas. Desde la primera escena, que ya es una lección magistral de dirección, se establece un tono de tensión palpable. La conversación entre Esteban (Javier Bardem) y Emilia (Victoria Luengo) en un bar, con planos que se cierran cada vez más, se siente como un duelo donde cada palabra cuenta y cada mirada pesa.
Actuaciones que devoran la pantalla
Bardem y Luengo ofrecen interpretaciones sobresalientes. Bardem, en particular, logra dotar a su personaje de una complejidad inquietante, siendo un director egocéntrico que no puede evitar que su necesidad de ser querido se manifieste de formas dañinas. Luengo, por su parte, aporta una gran carga emocional a Emilia, aunque hay momentos en los que su interpretación se siente un tanto contenida, lo que puede restar fuerza a su conexión con el público. Aun así, su química con Bardem es innegable y mantiene al espectador al borde de su asiento.
Técnica cinematográfica arriesgada
Sorogoyen se atreve a experimentar con recursos técnicos que pueden desconcertar a algunos. Los cambios de formato y la inclusión de secuencias a blanco y negro son arriesgados y, aunque a veces parecen más un alarde técnico que una decisión narrativa necesaria, en general, aportan a la atmósfera de la película. La dirección de arte y la fotografía son igualmente destacables, creando una sensación de encierro que acompaña la evolución de la relación entre padre e hija. En ciertos momentos, el montaje logra transmitir emociones que rivalizan con las interpretaciones, reforzando la tensión que impregna cada escena.
Una historia que no se rinde ante la comodidad
A diferencia de otras obras que abordan relaciones familiares, «El ser querido» no opta por un desenlace feliz o una resolución sencilla. Sorogoyen se centra en la complejidad del amor y el resentimiento, mostrando que las heridas familiares no se cierran con palabras bonitas. Hay una autenticidad en cómo se retrata la relación entre Esteban y Emilia que resuena con cualquier espectador que haya lidiado con conflictos familiares. Aunque algunos críticos pueden considerar que la película carece de la intensidad emocional que se esperaría de un director de su calibre, a mí me parece que esta obra es un paso interesante hacia un cine más introspectivo y menos convencional.
