A fuego (2026)

Un duelo a través del baile

A fuego, la ópera prima de Estel Díaz, se adentra en el complicado universo del duelo adolescente. La historia de Lola, interpretada por Zoe Bonafonte, es un viaje emocional que comienza con la repentina muerte de su hermano, Nico. En su búsqueda de respuestas, Lola se sumerge en el vibrante mundo de El Búnker, un lugar donde la música y la danza se convierten en refugios necesarios. La energía del baile está presente en cada rincón de la película, y aunque algunas coreografías son efectivas, a menudo parecen eclipsar el desarrollo narrativo.

Estética y mensaje

La estética visual está diseñada para atraer a un público joven, con un enfoque que recuerda a los videoclips. La música, que incluye a artistas como Bad Gyal y La Zowi, resuena con fuerza en la sala, acompañando a las secuencias de baile. Sin embargo, esta energía no siempre se traduce en un guion sólido. Muchas críticas apuntan que la trama se siente previsible y a menudo superficial, dejando de lado la profundidad necesaria para abordar temas tan complejos como el duelo y la búsqueda de identidad.

Un reparto en busca de profundidad

El elenco, liderado por una convincente Bonafonte, intenta dar vida a sus personajes, aunque algunos de ellos se quedan en un desarrollo escaso. La inclusión de Ruslana, en su debut como actriz, aporta frescura, pero la dirección parece no aprovechar al máximo las potencialidades de los personajes secundarios. Las relaciones entre los jóvenes son, en ocasiones, poco creíbles y se sienten más como un conjunto de clichés que como vínculos auténticos.

Un fuego que necesita avivarse

A fuego tiene momentos visualmente atractivos, pero la falta de una narrativa coherente y profunda hace que se diluya su impacto emocional. La película trata de ser un reflejo de la vida juvenil en la Barcelona contemporánea, pero se pierde entre fiestas y coreografías. El mensaje sobre la superación del duelo es potente, pero se siente atrapado en una estética que, aunque vibrante, no logra sostener la historia. Es una obra que, pese a sus defectos, tiene el potencial de conectar con un público que busque una experiencia visual divertida, aunque quizás no tan intensa como podría haber sido.

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