Haciendo amigos (2026)

Un atraco poco convencional

‘Haciendo amigos’ nos presenta a Antonio y Félix, dos atracadores de poca monta que, tras un golpe fallido, terminan en un grupo de teatro para personas con discapacidad. La premisa es, sin duda, original y ofrece un caldo de cultivo para situaciones cómicas y emotivas. Sin embargo, la película se queda a medio gas en su desarrollo. Aunque arranca con un humor fresco y situaciones divertidas, se pierde en un guion que se vuelve predecible y repleto de clichés.

Actuaciones que salvan la función

Quim Gutiérrez y Antonio Resines son los pilares de la película, aportando carisma y cercanía a sus personajes. Gutiérrez, en particular, se mueve con soltura entre la comedia y el drama, sacando lo mejor de sus interacciones con el resto del elenco. El grupo de actores con discapacidad aporta momentos de autenticidad y frescura que, en ocasiones, logran eclipsar a los protagonistas. Sin embargo, la dirección de David Marqués no siempre aprovecha estas oportunidades y, en ciertos momentos, se siente más como un producto televisivo que cinematográfico.

La lucha entre risas y lágrimas

El film intenta abordar temas de inclusión y empatía, lo cual es loable, pero a menudo cae en la trampa de la sensiblería. Las situaciones emocionales se resuelven de manera demasiado edulcorada, restando fuerza a los conflictos que podrían haber sido más impactantes. La película hace un buen trabajo al presentar a sus personajes con humanidad, pero le falta ese toque de riesgo y profundidad que podría haberla elevado por encima de una simple comedia veraniega.

Un entretenimiento ligero

‘Haciendo amigos’ es, en última instancia, un filme que se deja ver. No es una obra maestra, pero cumple su función de entretener y ofrecer un mensaje positivo en un formato ligero. Es ideal para una tarde de verano, donde lo que se busca es desconectar y disfrutar de unas risas. No obstante, quienes busquen una comedia más incisiva o un tratamiento más serio de los temas que toca, probablemente se sientan decepcionados. Aun así, puede que te arranque una sonrisa y, quién sabe, tal vez incluso una lágrima.

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