Ni contigo ni sin mí (2026)

Un cumpleaños para olvidar

La nueva comedia romántica de María Ruiz, «Ni contigo ni sin mí», arranca con Ernesto, un hombre que celebra su cumpleaños en un estado emocional desastroso tras ser dejado por su esposa. La premisa, que podría haber dado pie a una exploración divertida y conmovedora de la soledad y la amistad, se derrumba rápidamente bajo el peso de un guion que se siente como un collage de clichés y diálogos que no logran conectar con la audiencia.

Comedia que no hace reír

Desde el primer momento, la película parece atrapada en un bucle de situaciones predecibles y personajes que carecen de profundidad. La llegada de la nueva novia del vecino, que resulta ser la ex de Ernesto, debería servir como un catalizador para el conflicto y el humor, pero en su lugar, se traduce en una serie de escenas que se sienten forzadas y, en ocasiones, un tanto incómodas. La comedia, que debería ser el corazón de la película, se desliza hacia lo vulgar y lo banal, dejando poco lugar para la risa genuina.

Actuaciones y química en el aire

El elenco, que incluye a Gorka Otxoa y Adrián Lastra, intenta aportar algo de vida a unos personajes que parecen estar atrapados en un guion que no les favorece. Las actuaciones son irregulares; algunos momentos son simpáticos, mientras que otros caen en la exageración. La falta de química entre los actores dificulta la conexión emocional que debería ser el eje central de cualquier comedia romántica. Es como si todos estuvieran en diferentes películas, cada uno luchando por encontrar su lugar en un mar de despropósitos narrativos.

Una estética poco inspiradora

Visualmente, «Ni contigo ni sin mí» se siente más como un anuncio que como una película. La dirección de Ruiz no logra crear un ambiente que invite a sumergirse en la historia; todo se siente plano y poco cuidado. La elección de escenarios y la fotografía no aportan nada a la narrativa y, al contrario, restan fuerza a una historia que ya de por sí se siente débil. Esta falta de atención a la estética se traduce en una experiencia visual que no acompaña a las intenciones del guion.

En definitiva, «Ni contigo ni sin mí» se presenta como una comedia romántica que no logra cumplir con las expectativas más básicas de su género. Aunque hay destellos de potencial en las actuaciones y en la premisa, se ven ahogados por un guion pobre y una dirección que no sabe hacia dónde llevar la historia. Si bien es cierto que no todas las películas deben ser obras maestras, el público merece más que una simple colección de lugares comunes y personajes superficiales. La película deja la sensación de que, al menos, podría haber sido más arriesgada en su enfoque.

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