Vivir la tierra (2025)

Un retrato de la vida rural en transición

‘Vivir la tierra’, el segundo largometraje de Huo Meng, nos introduce en la vida de Chuang, un niño de diez años que vive con su familia en un entorno rural de China en los años 90. La historia, centrada en su infancia, se despliega entre las alegrías y las penas de la vida cotidiana, desde bodas hasta funerales, y nos ofrece una visión auténtica de la cultura y las tradiciones que se ven amenazadas por el progreso.

La mirada del niño y la fuerza del colectivo

Una de las decisiones más acertadas de Meng es la elección de un protagonista infantil. A través de los ojos de Chuang, el director logra captar la curiosidad y la inocencia propias de la infancia, mientras nos sumerge en el rico contexto social y familiar que lo rodea. La interacción entre los personajes, desde los abuelos hasta los tíos, es auténtica y vibrante, lo que mantiene el interés del espectador en cada escena.

La dirección de Huo Meng destaca por su capacidad para equilibrar el drama y la comedia, sin caer en el melodrama. Las largas escenas, que a menudo incluyen diálogos ágiles y humorísticos, permiten que la película fluya con naturalidad, aunque en ciertos momentos la densidad de personajes puede dificultar el seguimiento. A pesar de esto, la dinámica entre ellos se siente genuina, lo que enriquece la propuesta.

Una estética cautivadora y una narrativa poética

La dirección de fotografía de Guo Daming es otro punto fuerte de ‘Vivir la tierra’. Los planos fijos y los hermosos paisajes de los campos de trigo crean una atmósfera visual que complementa la narrativa. La elección de la música también contribuye a la inmersión, proporcionando un acompañamiento sonoro que resuena con la esencia de la historia.

Sin embargo, a medida que la película avanza hacia su desenlace, se perciben ciertas debilidades en la resolución de algunas situaciones, especialmente en los momentos más dramáticos. A pesar de ello, el conjunto mantiene una sensibilidad que invita a la reflexión sobre el cambio y la resistencia ante un mundo en constante transformación.

Un viaje por la memoria colectiva

‘Vivir la tierra’ se erige como un documento etnográfico que, aunque no innova en su temática, ofrece una perspectiva fresca y necesaria sobre la vida rural en China. La película es un tributo a las tradiciones y a la familia, un canto a la resistencia y la adaptación ante los embates de la modernidad. Para aquellos que disfrutan del cine de autor asiático, esta obra resultará tanto un deleite visual como una experiencia emotiva que deja huella.

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