En mar abierto (2026)

Un naufragio de clichés

La premisa de En mar abierto se presenta como un emocionante thriller de catástrofes: un avión comercial en ruta de Los Ángeles a Shanghái se ve forzado a aterrizar en aguas infestadas de tiburones. Sin embargo, a medida que avanza la trama, se hace evidente que la originalidad no es su fuerte. Desde el principio, resulta complicado no sentir que se está ante un compendio de situaciones ya vistas en otras producciones del género.

Actuaciones y personajes: ¿dónde está el desarrollo?

Aaron Eckhart y Ben Kingsley, dos actores con un currículum respetable, se encuentran en un contexto que no les permite brillar. Kingsley, interpretando al piloto del avión, resulta poco convincente, no solo por la falta de profundidad de su personaje, sino también por la inverosimilitud de su papel a su edad. Eckhart, aunque logra aportar algo de carisma, no puede salvar un guion que se siente más como un esquema de clichés que como una historia bien desarrollada. La falta de tiempo para desarrollar adecuadamente a los personajes deja al espectador sintiéndose distante de sus destinos.

Un espectáculo visual a medias

La dirección de Renny Harlin tiene momentos de tensión bien logrados, pero el uso del CGI en los tiburones es, en su mayoría, decepcionante. Las escenas que deberían inspirar terror terminan sintiéndose más ridículas que aterradoras, y el efecto plástico del mar no ayuda a crear una atmósfera creíble. La primera mitad de la película, centrada en el accidente aéreo, es más efectiva y ofrece algunos instantes de verdadera tensión, pero la transición a la parte de supervivencia se siente apresurada y desdibujada.

Entretenimiento sin grandes aspiraciones

A pesar de sus numerosas carencias, En mar abierto logra ofrecer un entretenimiento pasable para quienes buscan un rato de evasión. La mezcla de acción, drama y algo de terror puede atraer a los aficionados del género, aunque no se puede esperar nada innovador. La película sabe cómo mantener cierta tensión, aunque el espectador se acabará preguntando con frecuencia cuándo se va a liberar de los tópicos que la envuelven.

En definitiva, para aquellos que disfrutan del cine de tiburones y de catástrofes aéreas, esta película puede resultar un pasatiempo aceptable, siempre y cuando se entre en la sala con las expectativas adecuadas. No es una obra maestra, pero puede servir para pasar un rato entretenido, siempre que uno esté dispuesto a ignorar la falta de originalidad y profundidad en su narrativa.

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