Una exploración inquietante del duelo
Kakeru, la nueva película de Hirokazu Koreeda, nos transporta a un futuro cercano donde la ciencia ficción se entrelaza con el drama familiar, un territorio que el director japonés ha explorado con maestría en su filmografía. La premisa es intrigante: una pareja que ha perdido a su hijo decide acoger a un niño humanoide creado a su imagen, con inteligencia artificial. Desde el primer momento, la película plantea preguntas sobre la naturaleza del amor y el duelo, y cómo la tecnología puede influir en estos procesos tan humanos.
El corazón de la historia
La relación entre Otone (Haruka Ayase), Kensuke (Daigo) y Kakeru (Rimu Kuwaki) es el núcleo emocional de la película. Otone se aferra a la ilusión de recuperar lo perdido, mientras que Kensuke se muestra escéptico y lucha por aceptar esta nueva realidad. La actuación de Rimu Kuwaki como Kakeru es impresionante, capturando la mezcla de inocencia y artificialidad que requiere su personaje. Sin embargo, a pesar de momentos conmovedores, la profundidad emocional que caracteriza otras obras de Koreeda a menudo se siente como si se quedara a medio camino.
La estética y el simbolismo
Visualmente, Kakeru es un deleite. La casa minimalista de la pareja, con su diseño geométrico y espacios abiertos, refleja perfectamente la vulnerabilidad de sus habitantes. El vestuario de los protagonistas, en tonos suaves y patrones simples, también contribuye a esta atmósfera de fragilidad y búsqueda de paz. La música de Taku Matsushiba, con su piano melancólico y capas electrónicas, acompaña la narrativa sin invadirla, aportando un tono que complementa la historia sin restarle protagonismo.
Reflexiones sobre la tecnología y la memoria
A medida que avanza la trama, se plantea la inquietante cuestión de si la tecnología puede realmente reemplazar a lo que hemos perdido. Koreeda introduce elementos de humor y ligereza que, aunque ofrecen un respiro, también contrastan con la gravedad de los temas tratados, lo que puede generar cierta desconexión emocional. A pesar de las buenas intenciones, algunas ideas quedan sin explorar y el desarrollo de los personajes secundarios se siente limitado, lo que resta fuerza al mensaje final. Kakeru es, sin duda, una película interesante que invita a la reflexión, aunque no alcanza la brillantez de las mejores obras de Koreeda.
