El mal hijo (2026)

Un debut con buen corazón pero irregular

El mal hijo, la opera prima de Jaime Lorente, se presenta como un drama que busca explorar la herencia de las heridas familiares. La historia sigue a Rubén, un niño que, tras la desaparición de su padre, se traslada a vivir con su abuela Pascuala en un entorno rural. La premisa es poderosa y conmovedora, pero la ejecución deja mucho que desear.

Relaciones que tocan el corazón

La relación entre Rubén y su abuela, interpretada magistralmente por Susi Sánchez, es sin duda el punto más fuerte de la película. Pascuala se convierte en el refugio emocional del niño, un faro de cariño en medio de un mar de abandono. Aquí, Lorente logra capturar momentos de verdadera intimidad y ternura, que son capaces de resonar con el espectador. La química entre ambos actores es palpable y, en esos instantes, el film brilla.

Un guion que cojea

A pesar de sus buenas intenciones, El mal hijo tropieza en su narración. La historia se descompone en dos etapas de la vida de Rubén, lo que podría haber sido un recurso poderoso, pero termina creando una desconexión que afecta la fluidez del relato. El salto entre su infancia y la adultez no se siente como una evolución lógica, sino que se percibe como un corte abrupto que dificulta la empatía con el protagonista a medida que crece. En este sentido, la película se siente fragmentada y, a menudo, la profundidad emocional que se busca se escapa entre los dedos.

Un entorno visual que no acompaña

El entorno murciano, aunque visualmente atractivo, no se utiliza de manera efectiva para complementar la narrativa. Las escenas en el campo, que podrían haber aportado una atmósfera más rica, a menudo se sienten vacías y poco inspiradas. Además, el montaje parece disperso, lo que contribuye a la sensación de que la película tiene dificultades para encontrar su ritmo. Las situaciones a menudo no logran alcanzar la intensidad emocional que se esperaría de una obra que toca temas tan delicados como el abandono y la adicción.

El mal hijo tiene un trasfondo interesante y un mensaje importante sobre la herencia de las heridas familiares, pero su falta de cohesión y un desarrollo narrativo irregular impiden que la historia resuene en su totalidad. Aun así, la actuación de Susi Sánchez y algunos momentos sinceros logran salvar a la película de una caída total. Es un debut que muestra potencial, pero que necesita más tiempo para pulirse y encontrar su voz.

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