Un piso lleno de sorpresas
Nuda propiedad es una de esas películas que, al entrar a la sala, parece que va a dar mucho de sí, gracias a una premisa intrigante: una pareja que compra un piso a precio de ganga, con la condición de que el anciano propietario siga viviendo allí. La situación se vuelve rápidamente insostenible cuando este anciano desaparece y su comportamiento cambia radicalmente. Aquí es donde la película comienza a jugar con el absurdo y la tensión, aunque no siempre con la efectividad que uno esperaría.
Una comedia negra con frenos
La dirección de Alberto Utrera tiene destellos brillantes, sobre todo cuando pone a prueba la moralidad de sus personajes. Susana Abaitua y Maxi Iglesias brillan como una pareja que, entre la desesperación y la ambición, van cruzando límites que nunca pensaron traspasar. Sus interacciones son uno de los puntos más divertidos de la película. Sin embargo, la impresión general es que la película no se atreve a ir tan lejos como debería. Se siente como si tuviera una bala en la recámara, pero decide no dispararla. La crítica social que podría haber sido mordaz se queda en un suave roce, cuando podría haber sido un golpe contundente y provocador.
Potencial desaprovechado
La comedia negra ha sido un género que ha dado pie a grandes obras en el cine español, y Nuda propiedad tiene un material fuente muy rico para explorar. La crisis de la vivienda y el dilema moral de la pareja podrían haber sido el escenario perfecto para un festín de situaciones incómodas y risas nerviosas. Sin embargo, hay momentos en que el ritmo se frena abruptamente, y el guion se enreda en giros que no siempre aportan a la evolución de los personajes. La falta de una transformación sólida en la pareja, que se siente más como un recurso narrativo que como un desarrollo real, es un punto que resta a la experiencia global.
Un buen rato, aunque con reservas
A pesar de sus fallos, Nuda propiedad logra momentos de humor ácido que funcionan bien, y algunos personajes secundarios, como el intermediario inmobiliario interpretado por David Lorente, logran robarse algunas escenas con su ingenio. La película se presenta como una opción entretenida para el público que busca una comedia con un toque de crítica social, aunque le falte ese filo afilado que habría hecho que dejara una huella más profunda. En definitiva, es un producto palomitero que deja un sabor agridulce, ya que uno sale del cine pensando que, con un poco más de audacia, podría haber sido mucho más memorable.
