La noche está marchándose ya (2025)

Un refugio en la oscuridad

La noche está marchándose ya, la nueva película de Ezequiel Salinas, es un abrazo nostálgico al cine y a la comunidad que se forma en su sombra. A través de la historia de Pelu, un proyeccionista que se convierte en sereno nocturno, la película nos adentra en un mundo de precariedad y resistencia en un cineclub municipal de Córdoba. Desde el primer momento, la atmósfera del film se siente auténtica; el noir en blanco y negro no solo es estético, sino que se convierte en una metáfora de las vidas que se proyectan en la sala, reflejando la lucha por la supervivencia en un contexto adverso.

Personajes entrañables

Pelu, interpretado por Octavio Bertone, es un personaje que evoluciona de manera sutil pero significativa. Su relación con el cine es palpable y se siente como un refugio tanto físico como emocional. Al abrir las puertas de este espacio a un grupo diverso de desposeídos, el film construye una comunidad entrañable y solidaria. La presencia de Vale, interpretada por Juana Oviedo, añade una capa de modernidad y contraste, mostrando cómo las nuevas plataformas de contenido chocan con la tradición del cine. Las interacciones entre estos personajes son cálidas y a menudo divertidas, lo que añade un toque de humor a la cruda realidad que enfrentan.

Crisis y resistencia

La película no escatima en mostrar la crisis económica que afecta a Argentina, un telón de fondo que se convierte en protagonista. La amenaza de cerrar el cineclub resuena con una realidad palpable, llevando al espectador a reflexionar sobre el valor del arte en tiempos difíciles. A pesar de los momentos de pesimismo, hay una luz de esperanza que se manifiesta en la solidaridad entre los personajes. Esta mezcla de drama y comedia se siente intencionada y bien lograda, evitando caer en el melodrama simplista.

Un cine que resiste

La dirección de Salinas es notable, logrando un equilibrio entre el tono ligero y la seriedad de los temas tratados. La forma en que se entrelazan las historias personales con el trasfondo político es brillante. Es un canto de amor al cine, pero también un llamado a la acción; un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más sombrías, la comunidad y el arte pueden florecer. La película se siente relevante y necesaria, especialmente en un momento en que la cultura enfrenta recortes y desinterés.

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