En la zona gris (2026)

Un thriller en piloto automático

Cuando uno se sienta a ver la nueva película de Guy Ritchie, «En la zona gris», hay una expectativa inherente a su estilo: diálogos rápidos, personajes carismáticos y una acción que debería dejarte al borde del asiento. Sin embargo, esta vez la sensación es diferente, como si el director británico hubiera puesto el piloto automático y se hubiera dejado llevar por una fórmula que ha funcionado en el pasado, pero que aquí se siente desgastada.

Acción sin pulso

La película comienza con una premisa interesante: un equipo de élite, liderado por la abogada Rachel Wild (Eiza González), se embarca en una misión para recuperar una deuda multimillonaria de un magnate peligroso. La primera mitad del film se convierte en una larga preparación donde los protagonistas parecen demasiado seguros de sí mismos, lo que elimina cualquier atisbo de tensión. Las secuencias de planificación son largas y a menudo aburridas, dejando al espectador preguntándose cuándo se desatará la acción.

A pesar de la calidad visual que Ritchie suele ofrecer, aquí la fotografía no puede salvar un guion que se siente flojo y predecible. La falta de profundidad en los personajes hace que el espectador no se preocupe realmente por su destino. Jake Gyllenhaal y Henry Cavill, aunque carismáticos, no logran insuflar vida a unos personajes que parecen más fichas de ajedrez que personas reales.

Un elenco desaprovechado

El elenco, que incluye a figuras como Rosamund Pike y Carlos Bardem, parece estar atrapado en un guion que no les permite brillar. La química entre los actores es palpable, pero la falta de un desarrollo sólido los hace sentirse como si estuvieran en una película diferente. El potencial de un grupo tan talentoso es evidente, pero la historia no les hace justicia. Aunque hay momentos de acción bien ejecutados, la falta de un hilo conductor emocional convierte esas explosiones en meros fuegos artificiales.

Entretenimiento sin profundidad

«En la zona gris» no es un desastre total; tiene sus momentos entretenidos y un ritmo que a veces logra captar la atención. Sin embargo, es difícil no salir del cine con la sensación de que Ritchie podría haber hecho algo mucho más impactante. Es una película que, en última instancia, se queda en la superficie, ofreciendo un entretenimiento ligero que probablemente no dejará huella. Para los fans del género, puede ser un pasatiempo aceptable, pero para quienes esperan la chispa que Ritchie solía ofrecer, esta entrega es un recordatorio de que incluso los grandes pueden tener tropiezos.

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